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De hutus y tutsis

27 feb 2015
De hutus y tutsis


A propósito del genocidio de tutsis por parte de hutus que tuvo lugar en Rwanda en 1994 es posible encontrar un buen número de historias y enfoques que buscan una interpretación plausible de lo ocurrido. Entre esta diversidad de interpretaciones emergen algunos patrones recurrentes (y  que además por cierto, nos retrotraen a otros momentos históricos). Su denominador común es que dan vueltas alrededor de la realidad, la reconstruyen y la recrean, haciéndonos a todos un poco escépticos acerca de la posibilidad de que entre tanta palabra (y palabrería) pueda surgir algo que sin temor a dudas podamos llamar “la verdad”.


 
Haciendo un repaso de los “relatos” contados a propósito de aquel enorme drama (algunos de ellos justificativos, otros con aspiración de conclusivos), nos salen cuando menos los siguientes:  
·        La banalidad del mal: lo hice porque recibía órdenes. Yo no era responsable. 
·        La verdad histórica subjetiva: los matamos porque eran los “otros”, no eran de nuestra etnia y corríamos el peligro de que ellos hicieran lo mismo, por lo que no quedó más remedio que adelantarse.
·        La verdad revolucionaria: los colonizadores belgas crearon artificialmente las dos etnias, que previamente no existían. ¡Y simplemente porque físicamente uno eran altos y esbeltos y los otros bajos y rechonchos¡ Esa división artificial fue el origen del enfrentamiento.
·        La verdad políticamente correcta: somos una nación, todos somos ruandeses, no tutsis o hutus (aunque los ciudadanos se sientan hutus o tutsis). Debemos de enterrar en el olvido lo ocurrido.
 
Además de todos los
discursos anteriores, los tutsis también han sabido escribir su propia historia, aprovechando el relato –parcial y real- del genocidio para justificar su actual dominio sobre la mayoría hutu. Esa utilización intencionada del victimismo les ha servido para seguir perpetuando el control de los resortes políticos y económicos de Ruanda.
 
Y es que hay gente que opina que la realidad no existe, y el mundo del desarrollo personal no es una excepción. Parece ser, según este punto de vista, que lo que existe en todo caso son relatos, historias que nos contamos acerca de lo que ocurre. Pero ¿tienen algo que decir al respecto las Ciencias Sociales? Y tanto que sí. Por ejemplo, sabemos que la capacidad para discriminar hechos y valoraciones es condición “sine qua non” en ciertos países para formar parte de un jurado, asunto éste que ha sido objeto de numerosas investigaciones en Psicología Cognitiva.  
 
¿Se imaginan a un juez (menos probable) o a un jurado (más probable; razón por la cual el sistema judicial USA ha perfeccionado los procesos de selección de sus miembros) confundiendo ambas cosas? Por reducción al absurdo, confundir hechos y valoraciones sería como dar por válidas las interpretaciones que los jurados hacen de las declaraciones de los testigos, haciendo pasar éstas -las valoraciones-, ejemplo “Juan tenía una visión equivocada de la justicia”, por la realidad de los hechos, ejemplo “Juan golpeó con un bate al atracador”.
 
Recientemente se llevó a cabo un estudio en el que una muestra de músicos profesionales de cámara y orquesta valoraron la calidad de los más que acreditados violines Stradivarius. El panel de encuestados fue sometido a un test inicialmente ciego, en la que la valoración de la calidad de sonido (y otros aspectos, como la textura y el olor del barniz de la madera) se hizo con una selección de violines en la que los Stradivarius estaban mezclados con diseños modernos de luthiers reconocidos. En esta fase del estudio, la gran mayoría eligió los instrumentos de fabricación contemporánea (y es que, gracias a la tecnología y el saber hacer acumulado, ya hay quien sabe hacer violines que superan las prestaciones de los Stradivarius). Posteriormente el “pairing” se hizo con marca a la vista, y en este caso, fueron los Stradivarius los que arrollaron a los modernos.
 
Este tipo de test es todo un clásico en la historia de la investigación de mercado. Cualquiera que se
haya acercado al estudio del marketing, seguramente habrá oído hablar del caso “Pepsi vs Coca-Cola”. De forma resumida, durante el test ciego de comparación de sabores entre Pepsi y la “New Coca-cola” (que formaba parte del proceso de lanzamiento de la New), esta última supero con creces a la Pepsi. Sin embargo, en el test de “marca a la vista”, ocurrió lo contrario. ¿Por qué? Por que los investigadores no habían considerado el factor “marca” en la primera fase de la investigación: la mayoría de los encuestados rechazó el cambio de sabor cuando supo que Coca-cola pretendía dejar de ser la Coca-cola de siempre, considerando en muchos casos a este producto como un valor cultural norteamericano (sic) que debía permanecer fiel a su organolepsia original.
 
La anécdota -y me permito hacer un valoración acerca de las no tan sorprendentes conclusiones del estudio- nos habla de que más allá de nuestras reinterpretaciones conceptuales, hay una realidad contrastable a través del filtro de lo científico, ya que la experimentación es capaz de desarmar los prejuicios y “el campo perceptivo” que llega a imponer –en ocasiones- una sola palabra (“Stradivarius” o “Coca-cola”). Lo que nos vienen a decir estos tests es que los consensos perceptivos existen, y están asociados a una forma de procesar el mundo que es sistemática y universal en sus principios básicos. A partir de ahí, lo que entran en juego son reelaboraciones, que ya son particulares, y que están condicionadas por la reverberación emocional que provocan determinadas palabras y conceptos, aunque bien es cierto que ciertos patrones de la “subjetividad” todavía no ha sido descrifados. Los músicos valoraron como de más “calidad” los diseños modernos cuando no se vieron condicionados por las evocaciones y representaciones que en su cerebro provocaba la palabra “Stradivarius”.
 
En el drama del genocidio ruandés cuando menos si existió una realidad incontestable: los cientos de miles de personas que perecieron a machetazos. Supongo que no habrá que discutir que los machetes existen, o que, refiriéndonos a otras realidades conexas, también existe el Coltan (mezcla mineral de la que se alimentan las baterías de muchos móviles). Y supongo que no será objeto de discusión decir que la miseria se sigue extendiendo por países con enorme reservas de minerales preciosos, gas y petróleo. No creo que haya gurú que pueda afirmar que esa realidad también nos la hemos creado nosotros.
 
 
Lucas Ricoy Riego
Psicólogo, Coach y Formador. 
 

Etiquetas: Branding , Marketing , Percepción , Psicología

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